La vuelta al cole sin estrés

Publicado en por Lea Lelo

El cambio brusco, de disfrutar de mucho tiempo sin tener que cumplir apenas exigencias a todo lo contrario, puede dar lugar a que tu hijo se sienta estresado. Enseñándole a manejarlo, la vuelta al colegio no tendrá por qué ser una fuente de estrés.

 

Aunque la palabra estrés se utiliza en muchas conversaciones, se trata de un mecanismo automático que aumenta los niveles de activación física y psicológica ante una demanda propia o del entorno. Por ejemplo, una demanda propia sería pensar en que hemos de hacer perfecta una exposición en clase y una externa, que nos dijeran que mañana vamos a tener que hacer cuatro exámenes. Ante las demandas, la persona puede pensar que está perfectamente capacitada para desempeñar las actividades (y su nivel de activación no sufriría cambios) o que no tiene ni el tiempo ni los recursos necesarios para cumplirla (y el cuerpo y la mente se activarían para asegurar que dispongamos de energía para ejecutar la tarea). Sin embargo, cuando la activación es demasiado elevada, en lugar de ayudar, lo que genera es gran malestar físico (dolores de cabeza, musculares, malestar estomacal, etc.), psicológico (sentimientos de impotencia, pérdida de autoestima, cambio de humor,…) e incluso problemas sociales (irascibilidad con los demás, insociabilidad, actitudes violentas, etc.).
Ante este estado, la persona con estrés realiza intentos para superar la situación. Si cuenta con los recursos necesarios, puede superar su estrés y volver a un estado de relajación. Sin embargo, a veces las herramientas de las que dispone no son adecuadas, con lo que no consigue relajarse.


¿Qué situaciones pueden producir estrés en el niño?

Los niños interpretan la realidad desde una perspectiva diferente a la de los adultos. Lo que para tu hijo puede ser una situación amenazante, para ti puede pasar desapercibida.
Algunas circunstancias que pueden ser fuente de estrés para tu hijo son:
* La falta de control de esfínteres.
* La pérdida de alguno de los padres.
* Perderse o estar solo.
* Sufrir acoso por parte de compañeros.
* Ser el último en lograr algo en clase, en juegos, en deportes.
* Ser ridiculizado por otros niños.
* Observar peleas entre los padres.
* Mudarse de casa, cambiar de colegio, de clase.
* Tener que ir al médico, al dentista.
* Hacer exámenes.
* Hablar en público.
* Suspender.
* Romper o perder cosas.
* Llegada de un nuevo hermano.
* Llegar tarde.
* Separarse de los padres.
* Exceso de tareas escolares.
* Gran cantidad de actividades extra-escolares.
* Paso de Primaria a Secundaria.
* Enfrentarse a situaciones nuevas.


¿Qué señales pueden advertirte de que tu hijo se siente estresado?

Si tu hijo está sufriendo estrés, es probable que puedas detectar alguna de las siguientes respuestas:
Físicas:
Aumento de la frecuencia cardiaca. Sudor de manos. Cambios en la coloración de la piel. Tensión muscular. Cambios en la temperatura. Respiración agitada, entrecortada. Palpitaciones. Falta de respiración. Malestar estomacal. Náuseas, vómitos, falta de apetito o apetito excesivo. Dolor de cabeza. Temblores. Necesidad de orinar o defecar más de lo habitual.
Motoras:
Mover constantemente brazos y piernas. Repetir tics. Tocarse el pelo, morderse las uñas, chuparse los dedos. Morder y humedecerse los labios.
Cerrar los ojos. Evitar contacto visual. Buscar proximidad física de personas de apoyo. Aferrarse al adulto. Decir que tiene miedo. Agredir verbal o físicamente. Distraerse fácilmente.
Temblor de labios. Voz temblorosa. Tartamudeo. Lentificación/rapidez del habla. Llanto. Gritos y rigidez.
Pensamientos:
Miedo a ser herido, al peligro, temor a la desaprobación y autocrítica, a la incapacidad e incompetencia o tendencia a imaginar monstruos.

 

Reacciones de los niños que no saben controlar el estrés

* Lo acepta y se resigna porque vive la situación como fuera de su control y se somete a su destino.
* Siente que no puede controlar la emoción y se descarga exteriorizándola de manera intensa.
* Para compensar su frustración, busca fuentes alternativas de satisfacción.
* Evita pensar en ello y recurre a fantasías o a negar la situación.

Los pasos del diálogo interno adecuado.

1.- Preparación: No hay razón para preocuparse. Lo superaré y estaré bien.
2.- Confrontación: Organízate. Hazlo paso a paso y sin correr. Puedo pedir ayuda si lo necesito. Ya he salido de situaciones peores.
3.- Afrontar el miedo: Relájate. Respira hondo. Presta atención a lo que tienes que hacer ahora.
4.- Anticipar consecuencias positivas: Cuando haya pasado, ¡te sentirás genial!
5.- Reforzar el éxito: ¡Logrado! Lo has hecho muy bien. Has comprobado que puedes relajar la tensión.


Fuente: conmishijos.com

 

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